Corro por la calle como lo hacen todos, cuidado, doña….el paraguas! Siguió caminando como si nada.
La gente busca refugio y yo hago lo propio. Me meto en un café, me siento de costado a la ventana, el olor invade todo el local.
Una mezcla rara de de café, faso y ese tan particular que tiene la ropa mojada. Miro a través del vidrio mojado, la lluvia pega con fuerza y el viento no amaina. Veo pasar a hombres que veo en el puerto, algunos con la vianda intacta, hoy no hubo pique, con estas condiciones, el puerto queda cerrado.
Los pesqueros, aguantaran a la “capa” por lo menos, hasta que el viento baje en intensidad. Es la semana de navidad, las mujeres arrastran a los pibes que quieren pararse ante las vidriera. Caminá te digo, le dijo una robusta mujer, mientras le pegaba un coscorrón en la nuca. El pibe, se quedó apuntando un juguete, luego otro y otro, hasta que la mujer pudo más, juguetes fugaces, pensé.
Tengo las zapatillas empapadas y las piernas salpicadas, nunca faltan las baldosas flojas, son un imán para mi, días de lluvia…manchado seguro. Acá no, me dijo el mozo, no es por mi, es el gallego viste? Miré de reojo y ahí estaba el dueño del piojoso cafetín. Si le pido una leche, sola, esta bien?, el mozo se fue y sentí vergüenza.
Es navidad, sin pique y pagando la leche, me quedan diez guitas. Afuera la gente, alborotada, como un hormiguero recién pateado, se va chocando, tratando de escaparle a la lluvia. Trato adivinar los regalos por su envoltorio, cintas gruesas de colores rematadas con un moño, en cajas de diferentes tamaños, bolsas y paquetes.
Un hombre lleva bajo el brazo una bici, envuelta para regalo...ah, como que no se va a avivar el pibe, un sueño hecho de rayos y un timbre, no hay papel que pueda ocultar semejante alegría.
No hay remedio, hace como media hora que le pagué al mozo y el gaita, me esta rajando con la mirada. En eso que me estoy levantando…detrás del vidrio, estaban el chirola, el tarta y José. Dale, no ves que nos mojamos? Salí a la calle y antes de preguntar nada. Chirola me dice: vamos para tu casa! Tarta ayudá con la bolsa y vos, José, no te hagas el distraído y trotá que llueve, vamos!
Pero…dale de una vez Carlitos! dale que no llegamos.
Lo agarré del brazo y pregunté que pasaba, no pasa nada… vamos para tu casa.
Para que decir como llegamos, cuando el tarta me pasó el brazo por el hombro, me asusté, chirola y José, miraban para los costados….como explicar lo que me costó empujar la puerta?, respiré hondo y entramos juntos. El fuerte viento, movía la lona que tapaba un bulto. Mi viejo, está justo parado del otro lado, …mis amigos se pusieron junto a el y mirando la lona me dicen….dale, paparulo!! Destápalo de una vez!!
Me tiemblan las piernas, me arrimo despacio y agarro una punta de la lona….escucho la voz de mi viejo…..vamos hijo, no sea flojo, y vea que es lo que hay.
Como se reían y saltaban los muchachos!! Corrí a abrazarlo a mi viejo, con voz tranquila me dijo, no me afloje ahora y salga a jugar con sus amigos….llueve y no nos importa nada, al grito de, dale campeón, dale campeón…. los cuatro salimos a la calle.
Fue mi primer y único, auto a pedal. Mi viejo, en el taller, me lo ocultó por meses, cuando yo me iba para casa, él se quedaba trabajando en lo que fue, el flecha de plata, la de DON JUAN MANUEL FANGIO.
Con el tiempo y el uso intenso, se fue gastando y rompiendo, un día, entro en boxes para siempre.
Quedó tapado, en un rincón del taller, mi viejo enfermó, el taller se vendió….. Y mi auto, se fue con la venta.
Hasta hoy, no pasa una navidad, en la que deje de recordar esa tarde. Me gusta pensar, que otro pibe, lo disfrutara tanto como yo y con sus amigos. También, espero, que ese pibe, haya tenido un viejo como el mío. Dale campeón! Dale campeón! Llueve y a nosotros, no nos importa nada…………

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