Estoy tratando de
armarme una lancha para pescar en las lagunas. En esta tarea, me ayuda Marcelo,
que tiene un local de náutica. Paso por su local. Hace más de 20 años…. miro
las lanchas, toco los motores… en fin, siempre me faltan 10 para el peso. Cada
vez que pregunto un precio, Marcelo, ante mi gesto de asombro, inclina un
poco la cabeza y levanta los hombros, gesto de alguien que comprende el deseo
del otro, pero sabe que no puede comprar nada.
Bueno, fue antes de ayer, que me hice presente en su local, para
definir el armado de un equipo. La cosa fue que estando regateando, llega Mariano,
la otra cara de la moneda: tiene 4 barcos para la explotación de la pesca
deportiva, un excelente capitán, muy conocedor del oficio y estricto a la hora
de zarpar. Saludo va, saludo viene, como esta todo? Bien!! Que día!! Si, poco
viento… lo que me pareció, mí, respuesta, bastante torpe, me miraron los dos,
como que se dieron cuenta al toque, pero uno es amigo y mariano, nos conocemos,
nada más.
Días pasados con mi señora, hablábamos, más bien ella me decía de
embarcarme en uno de los barcos de Mariano y así, sacarme las ganas de hacer
una pesca de altura, lo que inmediatamente, después de mi comentario, vino a mi
mente y ahí, largué la pregunta del millón: salen mañana? Si, por supuesto,
contestó. Y ... te quedan lugares? Sí, responde Mariano. Bueno, listo, el lugar es
mío!!
Así fue que, a las 6,45 de la mañana, estaba yo en el motonáutico,
esperando el permiso para subir a bordo. El barco que me tocó, es el más grade
de los que tiene. La tripulación, consta del capitán y dos marineros que
cumplen con la función de asistir a los 15 pescadores que lleva. Otra vez, saludo va,
saludo viene, empezaron las preguntas: de donde son? De Buenos Aires contestó
uno. De los 4 muchachos, nosotros también!! Dijeron un grupo de 5 y así, nos
fuimos juntando, en una charla que duraría 2 horas de navegación, hasta llegar
al primero de los bancos, donde se probaría el rinde.
Recuerdo el comentario del día anterior. Eso del viento, ya no me
parece, “tan” insignificante: hoy sopla de 37 kms del NE. El mar? Una maravilla
de olas, con una considerable leva. Bueno, me dije, agárrate de donde puedas!!
Y fue lo que hice, ni bien salimos de la boca del puerto, rumbo a mar abierto.
Los iujuuu!! Los juaaa!! y demás exclamaciones del resto, entre ola y ola, a
los diez minutitos, habían enmudecido y
un pálido blanco les ocupaba toda la cara. Yo, afuera, en la cubierta de popa,
miraba como los marineros, se aprestaban a cortar los magru congelados que
serían nuestra carnada.
Un muchacho, que vino para hacer una pesca, nunca se
había embarcado, craso error!!. Fue el primero, en arrojar por la borda, el desayuno. Y así,
fueron pasando de a uno. Un hombre, me dice, ojala que no vomite!! si lo veo,
vomito yo también… Dijo esto y se le inflaron los cachetes, salió a los tumbos,
bajo el spray que provoca la proa al romper las olas y se unió al grupo de los
iujuuu!! Y los juaaa!! Y todo esto, faltando 2 horas de marcha. La verdad, el
hombre éste me dio pena, cuando pudo venir otra vez hacia mí, avergonzado, me
comenta que sus dientes, los postizos, ahora estaban, como una extraña
ofrenda, en el fondo del mar. Su gorra roja, estrenada para tal evento, se iba
destiñendo sobre su cara, lo que aportaba más tristeza a su lánguida figura.
Y nunca falta!! Los dos marineros, cruzaban miradas entre sí,
mirando para otro lado, tratando de ocultar su risa. Dios me perdone!! yo no
sabía como retener la mía.
La proa, rompe una importante ola y el barco se eleva, lo que
hace que dos cayeran al piso. Esto no es bueno de ver para el resto del pasaje. Por allá se
escuchó un: a la mierda!! Menos mal que no pasa nada!! Le recriminó un muchacho
al amigo. Creo que el otro nunca lo escuchó, aferrado a la baranda. Su única
preocupación, era que su estómago no se le saliera por la boca. Yo, mirando,
como se perdía la costa haciéndose 4 horizontes de mar , pensaba: Si esto pasa,
navegando… cuando estemos al garete, más vale que me busque un lugar seguro.
Sigo afuera y voy notando el cambio de color en el agua. Su azul
intenso, indica que estamos en aguas profundas. Antes de entrar, le pregunto al
que perdiera los dientes: cómo vamos,
mejor? El, ensayó una sonrisa y
trató de juntar los dedos de su mano derecha, como diciendo todo ok!! Pero… ni
las señas le salían. Lo dejé camino a la borda. Bueno, parado frente a la
puerta del salón, mi intención era entrar a degustar un par de medialunas y un cafecito,
cosa que hice, ante la mirada amarilla del resto de los ocupantes. El limpiaparabrisas a toda máquina y el agua,
pasaba por arriba nuestro, mojando a los que estaban en la popa cebando.
Después de una rápida charla, el marinero, trató de explicar cómo
se hace la maniobra. Claro, imaginen a 15 tipos, todos en fila de costado,
largando a destiempo, todos los plomos al agua… Cada plomo pesa 500 grs, con
el barco al garete, la correntada y el rolido… sería un milagro que no quedáramos
todos enredados entre sí. Escuchen
cuando diga: todos los plomos al agua!! , dijo
el marinero, bajen los plomos, si?- Seee - dijeron algunos que todavía podían hablar. El barco pasa por encima del banco, el capitán le corta la marcha y el barco
queda a la deriva… con una seña, le confirma al marinero, que dé la orden,
TODOS AL AGUA!!
María!! Qué momento!! El viento sigue firme. Mi plomo toca fondo y a
pesar que pesa ½ kilo, tarda unos minutos en bajar hasta los 60 metros de
profundidad. La línea siempre tiene que permanecer en el fondo del mar, la técnica,es ir dando nylon constantemente, para que dé resultado.
No podía ser de otra manera, el que tengo a mi derecha, ese don sin”
comedor”, la gorra lo fue tiñendo todo, quedando como en degrade, Siento un
fuerte tirón en mi línea. La emoción me recorre el cuerpo. Le pego un corto levante
a la caña y la respuesta no se hace esperar, la presión es enorme y el reel,
con la estrella apenas floja, dejar salir nylon ante la resistencia. Uno, en
la lucha, trata de adivinar qué es. Sigo dándole a la manija… les aclaro, no es
muy fácil, cuando todo lo que está bajo tus pies, se mueve. Oigo una voz:
despacio que es grande, es el marinero, junto a mí y con el bichero en la mano.
El agua, es tan transparente, que podés ver a unos dos metros de
la superficie, pero lo que tengo prendido, aún no asoma. Los demás, esperando
ver que es lo que estoy por sacar, también mi amigo, el desteñido, maría!! De las
profundidades, se avecina una figura blanca, con una enorme cabeza y otra, por
debajo, que no logro distinguir.
UN CABEZON, grita el marinero!. El capitán, al trote, se vino junto
a mí y me dice: bien, siga así, despacio y al mismo tiempo le pide al marinero que esté
atento cuando el gran salmón asome a la superficie.
En el primer” plomos al agua”
se me prendieron, un gran salmón de 19 kilos y en el otro anzuelo, por
debajo, un mero de 3,800, todo pesado a bordo. Los festejos del resto, hacen
que se funda la alegría, como que fuéramos amigos de toda la vida, una palmada
en la espalda y el capitán, que pide: todos los plomos arriba que doy otra
pasada, mientras se iba hacia la timonera. Se vinieron las fotos de rigor, mi salmón,
se verá en fotos, en las que el que falta soy yo!! Pero no importa nada!! Con mi
amigo, sí ese, nos encendimos un buen rubio, su sonrisa desdentada, me pareció
la más franca que hubiera visto últimamente
y me avergoncé por ver que este hombre, después de su percance y al punto del
desmayo, compartía mi emoción, como el mejor de mis amigos.
Así siguió el día, entre: TODOS AL AGUA!! Y TODOS ARRIBA!! Al medio día, el viento amainó
y el mar, calmó bastante. Quien más, quien menos, pero todos pescaron y eso le
da más armonía al grupo. Mi amigo, el flaco, también pescó lo suyo y yo le
festejé cada captura. Meros, chernias, salmones, abadejos y besugos, fueron
llenando los cajones.
A las 15 horas, el capitán nos da aviso que es la última
pasada, para luego poner la proa hacia puerto. Estoy otra vez parado afuera,
mirando la popa, y ahora el barco navega tranquilo, mientras escucho, como se
felicitan entre todos. Yo, me despido de los grandes bancos de salmón. Los
amigos que ya no están, vienen a mi mente y se me mezclan emociones.
Que día no? Miro la cara de mi nuevo amigo, el flaco sin dientes,
le convido otro rubio y le respondo: hermoso día amigo, hermoso……
charly rimoldi pesca embarcado pesca vivencia relato salmón dia de pesca